Traje de chaqueta y pantalón blanco marfil. Blusa negra y fular a juego. Así sale al escenario del Teatro-Auditorio Federico García Lorca Natalia Dicenta el viernes 24 de octubre de 2014, durante la segunda jornada de Black Jazz de Getafe Negro. Viene a presentarnos su trabajo Colours.

Natalia es pura energía. Eléctrica, hiperactiva, rompedora. Está exultante. Esta noche, tiene que brillar. Y brilla, no sólo por las lentejuelas de su blusa y su fular, nos deslumbra por su voz levemente desgarrada, rota, cálida. Sabe cómo conectar con el público, nos cuenta anécdotas, nos prepara para la siguiente canción. Su complicidad con el pianista, Vicente Borland, nos traslada a un ambiente familiar: estamos en el salón de nuestra casa escuchando a una amiga a la que se le da muy bien esto de cantar, actuar e incluso presentar programas de televisión.

Natalia es la hija de Lola Herrera y Daniel Dicenta. Creció entre aplausos y bambalinas: «escuché los primeros aplausos dentro del vientre de mi madre Lola, que estuvo saliendo a escena hasta los ocho meses de embarazo, con una faja para “disimularme”. Y yo, toda apretujada ahí dentro, estaba deseando salir y ver qué era todo aquel jaleo». Natalia cuenta sus primeros contactos con el arte dramático en su página web:

«Debuté a los diez años con Pirandell y Tennessee Wiliams, siendo las niñas de “Seis personajes en busca de autor” y de “Verano y Humo”. Después de una pausa escolar razonable, decidí que era llegado el momento de poner toda mi energía en lo que más me gustaba. Un día la actriz Ana Marzoa me preguntó si quería ser “u hermana” : ella interpretaría a “Antiígona de Sófocles y yo sería Ismena. Me lancé de cabeza y debuté en el anfiteatro Itálica. Y después los anfiteatros de Mérdia y Sagunto. El magnetismo y la fuerza que emanaban aquellas piedras me enamoró para siempre».

«Y la música rodeándolo todo», añade.

En la hora y media que dura el concierto, Natalia nos traslada al Summertime de Gershwin y Heyward, nos conquista con su versión de Blackbird  de Lennon y McCartney, nos lleva a la luna con Fly me to the Moon de Burt Howard y nos emociona con For once in my life. Por mencionar algunos de los temas que nos ponen los pelos de punta en esta noche de jazz.

Al acabar el concierto, espera a sus fieles a la salida del teatro, firmando discos, posando en selfies y regalándoles sonrisas. Cercana, alegre, flamante. Así es Natalia Dicenta.

La noche del sábado es Patricia Kraus la encargada de cerrar esta edición del Festival Black Jazz de Getafe. Hija del tenor Alfredo Kraus, Patricia cultiva varios géneros, pero en su trabajo Divazz, se decanta por el soul, el blues y el jazz, combinando temas propios con versiones de Aretha Franklin y Etta James, entre otros artistas. Nos arranca aplausos con sus temas Alma  y ¿Qué va a ser de mí? , y con sus agudos arriesgados, interminables, impecables. Nos levanta de nuestros asientos con su versión de No woman no cry de Bob Marley. Su profesionalidad y elegancia nos atrapan en cada canción. Consigue que el público se lance con un juego de “lalalas” y nos hace partícipes del espectáculo. Nos espera a la salida, firmando discos, dice. Nos levantamos, fascinados, a su encuentro. Encandilados por estas dos noches mágicas que nos ha regalado Getafe.

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