Último viernes de la VII edición de Getafe Negro, el festival de novela policíaca de Madrid. Tenemos una cita en el salón de actos del Colegio Mayor Gregorio Peces Barba, son las 10 de la mañana. Charlan en una esquina José Luis Ramírez, Carlos Bassas, Andrés Pascual, José Andrés Espelt y el moderador, Ricardo Bosque. Tienen muchas cosas que contarnos sobre la literatura japonesa.

Perfiles

José Luis Ramírez: consultor,  experto en Internet, estrategias de eCommerce, marketing on-line, engagement y gamificación. Socio fundador de Grupo RC, empresa dedicada al negocio editorial que ofrece servicios de consultoría y asesoramiento a editoriales, librerías, autores y profesionales del sector. Con 25 años de experiencia en el mundo del libro y de la PYME. (extracto de su perfil en Linkedin)

Carlos Bassas: escritor, galardonado el año pasado con el VII Premio Internacional de Novela Negra Ciudda de Carmona con su obra “El honor es una mortaja”, y en 2007 ganó el Premio Plácido al Mejor Guión de Largomatraje en el IX Festival Internacional de Cine Negro de Manresa. Autor de “Aki y el misterio de los cerezos” (2012).

Andrés Pascual: licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra, es escritor y viajero, como él mismo se define: «Soy un viajero incansable. He recorrido medio mundo buscando nuevas sensaciones y, en los últimos años, también inspiración para mis novelas».

José Andrés Espelt: colaborador en varios sellos editoriales de género negro, policiaco y criminal. Miembro de Ficómic, BCNegra, Semana Negra de Gijón. La Bóbila, Librería Negra y criminal. Pertenece a las asociaciones Novelpol y Brigadas 21. Su blog: Cruce de cables.

Japón negro

Tras una breve presentación, lo que comienza siendo una mesa redonda, pronto se convierte en una charla entre amigos que debaten y contraponen sus puntos de vista acerca del género negro japonés. «Somos unos frikis», dice Carlos. Unos frikis porque saben muy bien de lo que hablan. No son expertos, son apasionados de la novela negra y de Japón, y eso es lo que les otorga la autoridad para que los que ignoramos las características de la literatura japonesa en este ámbito, les escuchemos con suma atención. Les escuchamos y aprendemos. Mucho. Aprendemos que «Japón es un mundo dentro de Japón», una complejidad que se refleja en tramas mucho más elaboradas que en el género negro occidental. Hasta tal punto es así, que José Andrés admite su necesidad de repasar o volver a leer muchos de los libros que se engloban en esta temática; y lo dice mostrándonos un libro lleno de post-its y marcadores que atestiguan su confesión.

Creencias ancestrales, variedad de religiones y elementos paranormales, siempre tienen cabida. «Los japoneses sienten de una forma diferente, perciben el mundo de distinta forma», dice uno de los ponentes.

 La sumisión de la mujer al hombre y del trabajador al empresario. Y no hablamos de novelas, hablamos de la sociedad japonesa. Esa sociedad que entiende la mafia como empresa, que asume su existencia y no la combate. El método que tienen los escritores japoneses para criticar y cuestionar es la mera descripción analítica de la realidad. Ellos hablan de «calma en acción», una técnica que permite narrar la violencia y los submundos desde la calma y la tranquilidad.

Destacan la tradición oral de las historias, «historias que ya contaron los cuentacuentos y que llegan a nosotros dadas la vuelta», con saltos, a veces sin linealidad. Y diferencian cuatro subgéneros diferentes: investigación policial, misterio, humor e historias de trenes.

Comparan todas estas características con la novela negra occidental e insisten en la tendencia de los autores jóvenes japoneses a inclinarse por lo más negro del género.

Nos recomiendan algunos títulos: “La llave maestra” de Masako Togawa, “El expreso de Tokio” de Seicho Matsumoto o “Hanshichi” de Okomoto Kidô, entre otros. Y nos volvemos locos para anotar el nombre de los autores.

Pronto llegan las seis de la tarde y nos vamos al Teatro-Auditorio Federico García Lorca. Allí se celebra una mesa redonda para reflexionar sobre las víctimas de la novela negra. Escuchamos a Berna González Harbour, Paul French, Víctor del Árbol y a Carlos Zanón, modera David G. Panadero.

Perfiles

Berna González Harbour: periodista y subdirectora de EL PAÍS. Colaboradora de la Cadena Ser. Se estrena como novelista en el género policíaco con “Verano en rojo”, con la comisaria Ruiz de protagonista.

Paul French: autor británico, especialista en la historia moderna y contemporánea de China y autor del best-seller “Midnight in Peking”.

Víctor del Árbol: fue locutor y colaborador en el programa de radio “Catalunya sense barreres”. Como escritor, fue finalista del Premio Fernando Lara en 2008 con “El abismo de los sueños” y ganó´el Premio Tiflos de Novela en 2006 con “El peso de los muertos”. En 2011 publicó “La tristeza del samurái” que ha sido un éxito nacional e internacional. En 2013 publica “Respirar por la Herida” y en mayo del 2014, “Un millón de gotas”.

Carlos Zanón: poeta, novelista, guionista, articulista y crítico literario. Considerado “el Jim Thompson Español”, por haber renovado el género negro y cambiado la perspectiva de la historia. Desde su primera novela en 1989. “El sabor de tu boca borracha”, ha publicado 15 títulos, hasta el último en 2014, “Yo fui Jhonny Thunders”.

Nosotros, los muertos

Pensemos en un tren, tenemos clase turista, preferente y V.I.P. Ahora, pensemos en las víctimas de la última novela negra que hemos leído, según Berna también podríamos clasificarlas en clase turista, preferente o V.I.P. Las personas que no tienen ningún poder, que están a merced de los intereses del resto de personajes, se comprarían el billete de clase turista, dice ella. Cuando la víctima es en parte culpable de su propia muerte-asesinato, entonces se compra el billete preferente. Si en última instancia, tiene la bendita suerte de salvarse y sobrevivir al afán asesino del escritor, dice Berna que estamos ante una víctima V.I.P. Además, añade que cuando se elige a los muertos, se elige también a los culpables y Víctor completa esta reflexión añadiendo que las propias decisiones de los personajes son las que les definen como víctimas. Y es que según apunta Paul French, es muy importante llevar al lector del civismo a la barbarie, presentarle la situación como un documento que le explique las razones del crimen.

Cuando el moderador les pregunta por la relación que existe entre las novelas negras y la propia realidad, Carlos Zanón reconoce que utiliza sus historias para buscarse a sí mismo, dice: «una novela es la intención del autor de crear un mundo donde entenderse». Berna asegura que la realidad es mucho peor que la ficción y es que la «ficción empieza y acaba», completa Víctor, tiene principio y fin, un fin que decide el autor. Sin embargo, ¿quién decide el desenlace de la realidad social? Berna hace una buena comparación entre la realidad actual de España (corrupción, crisis, etc.) con el género negro y dice que se ha convertido en un género de poder, «conecta con el público que busca no respuesta, sino referencias». Añade Zanón que el problema es que se ha llegado a la caricatura, estamos inmunizados ante tanta violencia y tantos problemas, ya pocas cosas nos sorprenden.

“Mar de fondo” de Patricia Highsmith, “Tren nocturno” de Martin Amis y “Zulú” de Caryl Ferey, son algunos de los títulos que nos dan como recomendaciones.

Y aquí acaba nuestra experiencia criminal que nos deja grabado en la mente un mensaje: leer, leer, leer y después seguir leyendo. Y es que como agudamente apunta David G. Panadero, «la letra, con sangre entra».

Anuncios