«En caso de duda, remar». Dani había hecho suya la legendaria cita de Nat Young y la aplicaba a su vida, día a día, más allá del agua. Parecía que, sentado en la tabla, mirando al horizonte, esperando la siguiente serie mientras el sol se apagaba tiñendo el cielo de naranja y violeta cada tarde, los problemas se disolvían entre algas y salitre. Por eso ahora estaba allí.

«Tienes una carta de Lola», le había dicho su hermana cuando llegó a casa aquel miércoles, «creo que es la invitación de boda». Sí, Lola se casaba. Eso le había dicho en la conversación que tuvieron el último diciembre, cuando regresó de Londres para pasar las navidades con su familia. Dani no lo había querido asumir, hasta que abrió el sobre. Hacía tres años que había tomado la decisión. No se iría a Londres, no renunciaría a su vida en aquel pueblo pesquero del norte cantábrico. Lola le había obligado a elegir: «Me han ofrecido trabajo en Londres».

Dani se quedó con su «vida de simplezas», como ella decía. ¿Había tomado la decisión correcta? En caso de duda, remar. Y el mar le dio la respuesta. Sí. Lola nunca lo había entendido.

Imagen de Alba Díaz Fernández (about.me/AlbaMetafora)

Una historia presentada al concurso de microrrelato de la revista 3Sesenta (septiembre, 2015). Finalista.

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