«Me subí al vagón y me senté en el primer hueco que vi libre. No tenía batería en el móvil, así que no me quedó más remedio que echar una ojeada al tren para entretenerme durante las próximas siete paradas que tardaría en llegar a mi destino. Mi compañera de asiento iba inmersa en el último best-seller de turno. El chico que tenía enfrente no tendría más de 19 años y posiblemente viniese de soportar una dura y eterna jornada de estudiante, por eso estaba echando una cabezadita apoyado en el cristal abrazado a su mochila con chapas de grupos punk. A su lado, un señor mayor hojeaba el periódico gratuito que llevaba rodando por el tren desde por la mañana. Al otro lado del pasillo, estaba Laura con su padre y su hermano pequeño. En realidad, no sé si se llamaba Laura y tampoco si eran su padre y su hermano pequeño. Tenía cara de Laura y probablemente, unos siete años».

Continúa en Amanece Metrópolis.

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