Por favor, no mires al suelo. Olvídate de los baches, de los obstáculos, de lo empedrado que está el camino. Aunque el viento sople en contra, la cabeza alta y la mirada fija en la meta. Piensa a corto plazo: cada día es un reto cumplido y te encuentras un paso más cerca. La fuerza está en tu mente, no la busques en otro sitio. Cuando creas que has llegado a tu límite, date la vuelta y observa la trayectoria. Y ahora continúa, cruza tu última frontera.

«I am the master of my fate. I am the captain of my soul», William Ernest Henley.

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