«Cuando conocí a Candela, yo llevaba trabajando en la residencia cuatro años y, hasta entonces, no había vivido una historia igual con ninguno de los ancianos a los que atendíamos allí. Estuvo poco, no más de cinco meses y, sin embargo, cuando se fue me pareció estar despidiendo a una parte de mí». ¿Quieres leer más? En Amanece Metrópolis.

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